Cuando baja la marea

Escribí este poema con esta canción de fondo. Andrés Suárez tiene parte de culpa. La otra parte… una promesa perdida.

 

Tengo las manos manchadas de la arena
que nos sobró al construir castillos en el aire.

Tengo una sonrisa guardada
por si vuelves y volvemos a leernos.
Por si tú, el café y los libros.

Quizá las promesas no eran promesas
sino miedos posibles camuflados de mentira.
Quizá no supimos sostenernos las manos
lo suficiente o quizá cambiamos,
simplemente,
como cambia cualquiera que afirme estar vivo;
o quizá no,
quizá en el fondo seguimos siendo los mismos,
en otras ciudades,
con otra gente,
más solos, quién sabe,
o más felices, puede ser…
pero con una orilla compartida
en la que, cuando baja la marea
-cualquier caminante curioso lo sabe-,
aparecen pequeños tesoros mojados,
pintados de olvido y de sal…

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En frascos de cristal

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Vosotros, que sabéis tanto de la vida
y sonreís en todas vuestras fotos,
decidme qué estoy haciendo mal
para escribir esto con las manos
encharcadas, sordas, acariciando la sangre.

Decidme por qué la boca me sabe a olvido.
Por qué a miedo, a polvo, a sal…

Decidme por qué hace un segundo me ha dolido
tanto el pecho
que mis piernas me han abandonado
con los golpes, las palabras y los gritos.

Decidme.
Decidme por qué viene el frío…

Decidme qué debo hacer
para aplacar el llanto
que llega cada noche
cuando arrecia el silencio.
Para no escribir desde las sombras.
Para que cese esta soga invisible.
Para que deje de ahogarme
con sus yemas suaves.

Decidme,
vosotros que sabéis tanto de la vida,
que no necesitáis estrellas fugaces
ni deseos de Año Nuevo,
qué debo hacer para no aceptar que venga el sueño,
fácil y apacible,
en diminutos frascos de cristal
como pequeños suicidios…

El verdadero abrazo

J3NCi7zz

Estamos demasiado rotos.

Quizá nadie entienda nunca esto,
pero cuando dos lo hagan
y se encuentren,
se sentirán menos solos.
Quizá se abracen,
incluso,
desde donde se abrazan los que
se rinden,
los que están a punto de
rendirse
o creen que se rinden pero no,
los que se niegan a ello,
los que ya se han rendido…

Esos dos entenderán
que a lo mejor la canción debería haber sido,
en lugar de “trataré de curarte”:
“me quedaré contigo,
si me dejas,
hasta que te cures”.

“Te veré levantar las rodillas del suelo.
Te veré abrir los ojos
de nuevo.
Veré cómo luchas,
cómo gritas,
cómo te arañas el pecho hasta borrar el veneno.
Seré testigo de cómo vuelves a la vida.
De cómo, aun teniendo miedo a respirar,
sales a la calle con la mirada de quien ha visto demasiado
pero no tiene suficiente…”

16 de julio de 2016
Porque estamos demasiado rotos
pero no tenemos suficiente.

Dos noches

Dos noches llorando no bastan para arreglar un cuerpo demasiado roto.
Dos noches de ojos rojos,
de palabras ausentes,
de música que es grito…

Dos noches, dos de esas noches no bastan
para recordarte cómo sonreías cuando tenías otras manos
apretando las tuyas.
No bastan para revivir todos esos años pasados,
todas esas tardes de café,
todas esas madrugadas tumbados en el suelo mirando las estrellas,
preguntándonos cómo sería el futuro
con los nervios y las ganas de quien cree en lo eterno y se equivoca.

Sus miradas.
Sus miradas me duelen como arpones.

Ya no están.

Fue mi culpa.
El adiós siempre fue mi culpa,
siempre es mi culpa.
El vacío también.

Los ojos queman.
Es agua que quema
aunque no cura.

Porque dos noches de llanto no hacen
sino dejarme, con suerte,
demasiado cansada y cerrar los ojos,
un momento,
para darme una tregua en esta eterna guerra
en la que mi peor -y única- enemiga
soy yo…

Por sorpresa

Te he querido como yo, que no me creí capaz de amar a nadie, he querido nunca. Te he querido con sorpresa, creyendo que al irte te olvidaría y descubriendo que en esto soy solo una niña porque no, nunca te fuiste del todo, aunque te fuiste. Te he querido mientras despreciaba al amor. Mientras […]

Ruinas

Una neblina gris te cubre los ojos. Oigo crujir tu forma. Tus muros se han ido desplomando. Cuelgan las raíces muertas y las ramas secas. Alguna que otra piedra yace solitaria sobre la tierra apagada. Hay polvo en tus rincones. Penden telarañas de tus esquinas. Los cristales rotos aquí y allí me dan la bienvenida. […]

Suicidas

El otro día estuvimos leyendo sonetos de Garcilaso en Siglo de Oro. Ni siquiera me gusta esa asignatura, pero reconozco que aquel día me inspiró. Me inspiró porque a veces la poesía, como la música, tiene esa capacidad de señalar exactamente dónde te duele. Nos pasa a todos, no es nada nuevo. Nos identificamos con […]