En frascos de cristal

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Vosotros, que sabéis tanto de la vida
y sonreís en todas vuestras fotos,
decidme qué estoy haciendo mal
para escribir esto con las manos
encharcadas, sordas, acariciando la sangre.

Decidme por qué la boca me sabe a olvido.
Por qué a miedo, a polvo, a sal…

Decidme por qué hace un segundo me ha dolido
tanto el pecho
que mis piernas me han abandonado
con los golpes, las palabras y los gritos.

Decidme.
Decidme por qué viene el frío…

Decidme qué debo hacer
para aplacar el llanto
que llega cada noche
cuando arrecia el silencio.
Para no escribir desde las sombras.
Para que cese esta soga invisible.
Para que deje de ahogarme
con sus yemas suaves.

Decidme,
vosotros que sabéis tanto de la vida,
que no necesitáis estrellas fugaces
ni deseos de Año Nuevo,
qué debo hacer para no aceptar que venga el sueño,
fácil y apacible,
en diminutos frascos de cristal
como pequeños suicidios…

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Dos noches

Dos noches llorando no bastan para arreglar un cuerpo demasiado roto.
Dos noches de ojos rojos,
de palabras ausentes,
de música que es grito…

Dos noches, dos de esas noches no bastan
para recordarte cómo sonreías cuando tenías otras manos
apretando las tuyas.
No bastan para revivir todos esos años pasados,
todas esas tardes de café,
todas esas madrugadas tumbados en el suelo mirando las estrellas,
preguntándonos cómo sería el futuro
con los nervios y las ganas de quien cree en lo eterno y se equivoca.

Sus miradas.
Sus miradas me duelen como arpones.

Ya no están.

Fue mi culpa.
El adiós siempre fue mi culpa,
siempre es mi culpa.
El vacío también.

Los ojos queman.
Es agua que quema
aunque no cura.

Porque dos noches de llanto no hacen
sino dejarme, con suerte,
demasiado cansada y cerrar los ojos,
un momento,
para darme una tregua en esta eterna guerra
en la que mi peor -y única- enemiga
soy yo…

Párpados

Hace poco alguien me dijo que echaba de menos las introducciones en prosa que hacía cuando subía un poema. Fue un comentario anónimo, pero me alegró igualmente porque yo agradezco cualquier comentario. La verdad es que dejé de hacer esas introducciones porque la poesía muchas veces no necesita explicarse, aunque en realidad esos textos no […]

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