Cuando baja la marea

Escribí este poema con esta canción de fondo. Andrés Suárez tiene parte de culpa. La otra parte… una promesa perdida.

 

Tengo las manos manchadas de la arena
que nos sobró al construir castillos en el aire.

Tengo una sonrisa guardada
por si vuelves y volvemos a leernos.
Por si tú, el café y los libros.

Quizá las promesas no eran promesas
sino miedos posibles camuflados de mentira.
Quizá no supimos sostenernos las manos
lo suficiente o quizá cambiamos,
simplemente,
como cambia cualquiera que afirme estar vivo;
o quizá no,
quizá en el fondo seguimos siendo los mismos,
en otras ciudades,
con otra gente,
más solos, quién sabe,
o más felices, puede ser…
pero con una orilla compartida
en la que, cuando baja la marea
-cualquier caminante curioso lo sabe-,
aparecen pequeños tesoros mojados,
pintados de olvido y de sal…

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